lunes, agosto 15, 2005

Sombras y Sueños

El sol golpeaba su cara haciendo que parezca una mecía de fuego y de distancia. Sus ojos revoloteaban dentro de las órbitas perdidas. El silencio lo llenaba todo, a cada paso el viento susurraba sus últimas lágrimas. Las olas se estrellaban como las estrellas en la roca fría y dura. La mano callosa tomo un puñado de arena llevándoselo a la boca. Así estuvo un instante conel gusto del mar, enredado entre los dientes. Tomo luego un pequeño sorbo de espuma, creyendo beber sangre de la herida abierta. Sus rodillas se clavaron en el suelo y hundió su cara buscando el centro de la tierra. El infierno de caronte quemó sus pestañas y sus cejas. Del pelo erizado solo quedaron rastrojos de antaño. Pero siguió adelante en su peregrinar pausado. Parecía una sombra rezando, con su capa al viento se asemejaba a un murciélago. Las botas pesadas marcaban el sendero. Las rocas estaban más cerca. El viento seguía eredado a sus oídos y ese ruido testigo molestaba los segundos de tinieblas.