al tío claudio
Existe una historia cubierta por mil litros de agua...
un relato de barcos, de noches, de lunas, de sábanas blancas...
Fue un día de invierno, de tormenta y tormento.
Mirando por la ventana el granizo golpeaba mi nariz y mis manos, yo pensaba.
Años y Vida, pegada mi alma a este balcón y al vacío que cubre a la nada.
Mirar la neblina subir por la luz del aire, transformando en colores mis pestañas.
Ver como crecen los matorrales adheridos a las rocas puestas y a las de la naturaleza yerta.
Observar aquel pájaro risueño que lleva ramitas de suauce al nido escondido.
Captar hasta el último murmullo del viento posandose sobre las pequeñas y poderosas olas.
Las gotas de rocío de la mañana comienzan a esfumarse.
El anaranjado de la mañana se torna gris azulado y los barcos pescadores comienzan a salir a la mar.
Sus reflejos y figuras nublan mis pupilas con gritos, ordenes, pañoles de batalla. Son coraje, son esfuerzo, son futuro.
Depronto pasa la tarde, y transcurren segundos de calma. No hay nadie en mi vereda, todos estan quietos
mi mente también deja de pensar en las vidas que existen bajo mi ventana.
Abro los ojos despacio, presintiendo la penumbra. Ahí esta la noche, con su manto de estrellas, envolviendo el horizonte y a los barcos que regresan buscando como timidas luciernagas el camino a casa.
La luna de plata, desnuda sus penas frente a mis persianas.
Es mi rio del alma, mi pasión agotada, mi huerto y mi semilla, mi espiritu y mi esperanza.
Más hoy que te recuerdo se que seguiras ahí por años, por siglos, esperando, tranquilo, paciente y belicoso la llegada del viento y la marea para que en un ronronear de estrellas tus puertas se abran a nuestras miradas.
un relato de barcos, de noches, de lunas, de sábanas blancas...
Fue un día de invierno, de tormenta y tormento.
Mirando por la ventana el granizo golpeaba mi nariz y mis manos, yo pensaba.
Años y Vida, pegada mi alma a este balcón y al vacío que cubre a la nada.
Mirar la neblina subir por la luz del aire, transformando en colores mis pestañas.
Ver como crecen los matorrales adheridos a las rocas puestas y a las de la naturaleza yerta.
Observar aquel pájaro risueño que lleva ramitas de suauce al nido escondido.
Captar hasta el último murmullo del viento posandose sobre las pequeñas y poderosas olas.
Las gotas de rocío de la mañana comienzan a esfumarse.
El anaranjado de la mañana se torna gris azulado y los barcos pescadores comienzan a salir a la mar.
Sus reflejos y figuras nublan mis pupilas con gritos, ordenes, pañoles de batalla. Son coraje, son esfuerzo, son futuro.
Depronto pasa la tarde, y transcurren segundos de calma. No hay nadie en mi vereda, todos estan quietos
mi mente también deja de pensar en las vidas que existen bajo mi ventana.
Abro los ojos despacio, presintiendo la penumbra. Ahí esta la noche, con su manto de estrellas, envolviendo el horizonte y a los barcos que regresan buscando como timidas luciernagas el camino a casa.
La luna de plata, desnuda sus penas frente a mis persianas.
Es mi rio del alma, mi pasión agotada, mi huerto y mi semilla, mi espiritu y mi esperanza.
Más hoy que te recuerdo se que seguiras ahí por años, por siglos, esperando, tranquilo, paciente y belicoso la llegada del viento y la marea para que en un ronronear de estrellas tus puertas se abran a nuestras miradas.

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